Mercedes Guardado, vocación enfermera y experiencia en estomaterapia
Directa, valiente y con una energía contagiosa, Mercedes Guardado ha dedicado casi 33 años a la institución, con un firme compromiso con la atención especializada y la mejora continua en la atención de las personas atendidas. Referente en estomaterapia, ha tenido un papel destacado en el desarrollo de esta especialidad en el centro y en la formación de las enfermeras que se han ido incorporando.
Inquieta y sin miedo a los cambios, encontró en Viladecans un espacio donde crecer profesionalmente, especialmente en el acompañamiento de personas que afrontan transformaciones corporales importantes. “Aún me paran por la calle pacientes a los que había atendido, y enfermeras con las que había trabajado también me envían fotografías de ostomías al móvil”, explica, evidenciando el vínculo que ha construido a lo largo de los años.
Guardado defiende una enfermería que va más allá de la técnica: una profesión que exige escuchar, observar y adaptarse constantemente a cada persona. Aunque pronto prevé pasar largas temporadas en su Extremadura natal, de donde llegó con 22 años, lo tiene claro: cuando se ponga enferma, quiere que la lleven rápidamente al Hospital de Viladecans.
¿Cuándo decidiste que querías ser enfermera?
A los ocho años —ríe—. Siempre lo tuve muy claro. De hecho, recibí una beca para estudiar Magisterio en Valencia, pero ese mismo año lo dejé porque no me acababa de gustar. Al año siguiente me matriculé en Enfermería en la Universidad Laboral de Cáceres.
¿Cómo recuerdas la carrera?
Había mucha teoría y pocas prácticas. Al terminar los estudios, me casé y me trasladé a Cataluña. Trabajé durante siete años en una residencia geriátrica y, más adelante, me incorporé al CAP El Castell de Castelldefels para, posteriormente, ir a El Prat. En aquella época, las enfermeras de los CAP no tenían consultas propias ni las responsabilidades que tienen hoy en día. Realizaban sobre todo tareas administrativas, como preparar recetas o gestionar la cartilla sanitaria para que el médico la firmara.
Por lo que dices, entiendo que no te sentías muy cómoda con aquella situación.
En absoluto. En ese contexto sentía la necesidad de hacer un cambio de rumbo en mi vida profesional y decidí probar suerte en el Hospital de Viladecans, un centro que prácticamente no conocía, más allá de alguna visita puntual que había hecho.
Y empiezas el 1 de mayo de 1991.
Nunca olvidaré aquel primer día ni tampoco las primeras semanas. Las pasé siguiendo a las compañeras porque prácticamente no sabía hacer nada. Hacía diez años que había terminado la carrera y muchas cosas habían cambiado. Estuve a punto de dejarlo dos o tres veces. Pero, con un poco de apoyo y confianza, en menos de un mes ya lo llevaba mejor. Siempre he pensado que, en esta profesión, una de las cosas más importantes son las ganas de aprender. Y yo tenía muchas, quería trabajar de lo que había estudiado.
¿Y cómo era aquel primer Hospital de Viladecans que te encuentras, ya gestionado por el Institut Català de la Salut (ICS) desde hacía cuatro años?
Pues bien, en cuanto a las instalaciones, ya entonces eran claramente mejorables. En cambio, el grupo humano siempre ha sido extraordinario. Quizá al principio había más distancia entre los médicos y el resto de profesionales, pero con los años eso fue cambiando. Todos remábamos en la misma dirección: médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza… Tantos años trabajando juntos acaban creando un vínculo muy especial.
En aquellos años pasas de enfermera de hospitalización al Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología, en un momento en que el Hospital de Viladecans impulsa un proyecto pionero en España con la puesta en marcha de la Cirugía Mayor Ambulatoria. ¿Cómo viviste aquella iniciativa?
Fue un hito a nivel estatal. La gente se iba a casa con el drenaje y era la enfermera quien llamaba para hacer el seguimiento. Fue una manera de trabajar muy avanzada para la época y recibíamos visitas de toda España para conocer la experiencia.
Después de siete años en el Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología, vuelves a hacer un cambio importante en tu trayectoria profesional.
Sí, tenía ganas de abrir nuevas puertas, de aprender cosas diferentes y de exponerme a una mayor complejidad asistencial. Con esta motivación inicié la formación como enfermera estomaterapeuta, un ámbito que requiere una mirada muy integral del paciente ostomizado, una gran capacidad de acompañamiento y un conocimiento técnico muy específico. Hice un curso de 20 horas en el Hospital Parc Taulí de Sabadell y, con el día a día, fui adquiriendo experiencia, seguridad y criterio.
Para quienes no están familiarizados con la terminología, ¿qué es una ostomía y cuál es la función de una enfermera estomaterapeuta?
Una ostomía es una intervención quirúrgica en la que se desvía una parte del sistema digestivo o urinario hacia el exterior del cuerpo, generalmente después de extirpar parte del colon, el recto o la vejiga. Así, el contenido intestinal o urinario se evacua a través de un estoma, que es la porción visible del intestino o del uréter, de color rosado. Si el estoma es digestivo, hablamos de colostomía o ileostomía, y si es urinario, de urostomía. En cuanto a las enfermeras estomaterapeutas, realizamos el seguimiento de los pacientes ostomizados durante un período de tiempo o, en algunos casos, durante toda su vida. Los pacientes que no presentan problemas graves acuden a controles periódicos cada tres o seis meses.
¿El inicio con pacientes ostomizados fue más fácil que tu incorporación al hospital en 1991?
Bueno —ríe—. En uno de mis primeros días me encontré con que al día siguiente tenía que hacer una irrigación, una técnica utilizada principalmente en personas con colostomía para vaciar el colon de manera controlada y regular. Total, que me pasé la noche en vela leyendo protocolos e intentando entender cada paso del proceso.
A lo largo de los años, ¿cómo han cambiado las ostomías?
A nivel de materiales, claro que ha habido mejoras, especialmente en relación con la comodidad del paciente, aunque tampoco ha habido grandes disrupciones. Actualmente, los adhesivos son mucho más respetuosos con la piel, los sistemas más flexibles y anatómicos y también ha mejorado el control de olores y gases.
Quizá lo que realmente ha cambiado no es tanto la manera de hacer la ostomía en sí, sino el tipo de cirugía. Antes casi todo se hacía con cirugía abierta; la laparoscopia era mucho menos habitual. Y eso se notaba mucho en el postoperatorio. Piensa que hace unos años, después de una cirugía colorrectal importante, el paciente salía del quirófano con una incisión grande, con sonda nasogástrica, sonda vesical y varios drenajes. Era un postoperatorio mucho más duro. Y, además, los protocolos de aquella época eran muy distintos: los pacientes podían estar cuatro o cinco días sin comer y no se les levantaba de la cama hasta pasadas 48 horas.
Ahora la realidad es otra. Con la laparoscopia y los protocolos ERAS (un conjunto de recomendaciones basadas en la evidencia que tienen como objetivo mejorar la recuperación del paciente tras una cirugía), los pacientes se levantan mucho antes, comen antes y se recuperan más rápidamente. Hoy en día te pueden operar de una cirugía colorrectal un martes y darte el alta el viernes. El cambio es abismal. Además, las ostomías se indican con más criterio y hay más opciones para evitarlas cuando es seguro hacerlo. Asimismo, en la actualidad la duración media de la ostomía es mucho menor.
¿Y el papel de las enfermeras estomaterapeutas?
Como te he dicho antes, creo que los cirujanos han ido valorando cada vez más el papel de las enfermeras estomaterapeutas. Han pasado de verlas como un apoyo postoperatorio a considerarlas figuras clave en la planificación, la educación y la prevención de complicaciones. La colaboración es mucho más estrecha y se basa en la confianza mutua.
En mi caso personal, tenía una gran relación con los doctores Sueiras, Vallet o Martínez Vilalta y con el resto del gran equipo del Servicio de Cirugía General y Digestiva. Durante la etapa final de mi trayectoria en el Hospital de Viladecans se impulsó la prehabilitación de ostomía, un proceso preparatorio que se realiza antes de una cirugía en la que se prevé crear una ostomía. El objetivo es que el paciente llegue a la intervención en las mejores condiciones físicas, emocionales y prácticas posibles, y que el postoperatorio sea mucho más fácil de gestionar.
María Beltrán, enfermera estomaterapeuta del Hospital de Viladecans, es quien lleva el seguimiento especializado de los pacientes ostomizados y la prehabilitación, con una enorme profesionalidad y dedicación.
Para ir terminando, ¿cómo va la vida de jubilada?
Siempre había imaginado que seguiría trabajando más allá de la edad de jubilación, pero finalmente decidí retirarme cuando tocaba, con la sensación de haber cerrado una etapa plena y bien aprovechada. Ahora disfruto de un ritmo diferente: dedico tiempo a la lectura, colaboro como voluntaria con personas mayores en la asociación de vecinos de Can Bou, en Castelldefels, y aprovecho cada oportunidad para viajar con mi marido. Además, recientemente hemos comprado una casa en Badajoz, un proyecto que nos hace mucha ilusión y que nos permite pasar allí temporadas con más frecuencia.